El concepto oriental de KI es muy difícil de definir. En Japón, la palabra ha sido de uso cotidiano a través de los siglos, desde que empezó la infiltración de la cultura china. El KI expresa el concepto de las energías fundamentales del Universo, de las que forman parte la naturaleza y las funciones de la mente humana.
En la China antigua, el KI era la fuerza que iniciaba todas las funciones físicas y psicológicas, y éste concepto ganó un lugar preponderante en la ciencia médica, en las Artes Marciales y en muchos otros aspectos de la vida. Utilizada inicialmente con propósitos militares se dice que la adivinación KI empezó para determinar cuándo la fuerza de los soldados estaba en su nivel máximo. Para abordar, según ella, el movimiento militar apropiado. A continuación, su estudio se desarrolló hasta llegar a ser una forma práctica de predecir el destino mediante la habilidad del adivino para juzgar o leer el KI de una persona.
La interrelación entre la mente y el cuerpo no puede definirse únicamente haciendo prevalecer las leyes naturales ni la experimentación científica. En Oriente hace tiempo que el cuerpo y la mente no existen como entidades separadas. Por ello, todos los aspectos de la cultura oriental (la Filosofía, el Arte, las Artes Marciales., la Medicina, etc.) se esfuerzan por alcanzar la vida universal a través de una comprensión empírica de la unión fundamental de la mente y el cuerpo. El maestro Shigeru Egami (Shotokai) nos lo explica en un pasaje de su libro “Karate-do Nyumon”:
“El problema de la mente es profundo. Su elevación a un estado superior, el ensanchamiento y la purificación de uno mismo, son las últimas cosas que hay que conseguir por medio de la práctica. Hay que entrenar mente y cuerpo, pues de otra forma l práctica no tiene sentido. Tratar de limpiar vuestra mente de los despojos de la vida cotidiana por medio del contacto espiritual con los demás.
La mente y el cuerpo son como dos ruedas de un carro: ninguna de las dos tiene preferencia. Esto es práctica auténtica. Obtener algo de valor espiritual en la vida es verdadera práctica.
Al entrar en contacto físico con otros, se entrará también en contacto espiritual. En la vida diaria hay que llegar a conocer nuestras relaciones con los demás, cómo cada uno influye en los otros y cómo las ideas se intercambian. Hay que respetar a los demás y pensar bien sobre ellos. Las personas deben ser mentalmente abiertas y respetuosas hacia el bienestar y la felicidad de los demás. En un combate, cuando logréis trascender la simple práctica, lograréis ser uno con vuestro adversario.”
El KI unifica la misma base de la mente y del cuerpo, y al mismo tiempo tiene una relación recíproca con todas las cosas en la fuente de la creación. Todas las cosas vivas derivan del KI que, se dice, llena el Universo, nutre toda la creación con su presencia omnipresente.
El Ki individual y el KI de la Naturaleza están unidos y se influencian recíprocamente. Por ejemplo, cuando decimos que un día con una buena temperatura alegra el corazón es porque nuestro KI funciona con empatía (consonancia) con el KI de la Naturaleza, que, a su vez, está en empatía con todas y cada una de las personas del mundo. Cuando la mente y el cuerpo se perciben como una individualidad, es difícil aceptar el concepto de que la mente y la materia han nacido del mismo KI.
Keichi Mizushima expresa así la empatía:
“ La empatía no significa ponerse por encima de los demás; no significa implicarse tanto con el otro que haya que reír y llorar juntos. Tampoco significa estar totalmente de acuerdo con lo que se dice o se critica. La empatía es el estado puro que se vive antes de que se forme ningún juicio. Empatía es hacer el esfuerzo para sentir las emociones presentes en el otro sin juicio de valor, y entendiendo que pertenecen otra persona y no a uno mismo”.
El Ki no es una sustancia tangible, pero a través de las disciplinas orientales el ojo de la mente puede abrirse a él y puede sentirse claramente su presencia. El maestro de Artes Marciales no tiene en sí el menor indicio de conciencia para distinguir entre esto y aquello, cuando se abre al propio espejo de su alma. Pero como el espejo de su alma es tan claro, ve de hecho todo sin verlo, distiguiendo con exactitud sin distinguir. Nos lo describe nuevamente de manera perfecta el maestro Shigeru Egami en este pasaje:
“En la práctica, cuando tu adversario dé un golpe, debes ya estar en movimiento. Después de que le has visto moverse, ya es demasiado tarde y un falso movimiento por tu parte está fuera de lugar, pues el golpe de tu adversario es casi mortal. Moverse simultáneamente con el golpe; hay que sentir la intención del contrario. Pero, en realidad, no es cuestión de usar la mente, hay que moverse naturalmente, sin pensarlo Cuando alcances ese estado lograrás moverte simultáneamente con la orden. Si piensas demasiado sobre el comienzo del golpe del contrario, no te darás cuenta de sus movimientos. Sólo cuando tu mente sea tan plácida como una balsa de agua y estés físicamente alerta, podrás darte cuenta de los movimientos del adversario y de su respiración natural. En este estado sentirás los cambios de sentimiento de tu adversario.”
Muchas culturas orientales se basan en este concepto. Sin embargo, para los occidentales, el KI es un concepto relativamente nuevo, y puesto que existe una fuerte tendencia a intelectualizarlo todo en términos del análisis científico y cultural, el concepto de KI, que es complejo de explicar incluso lingüística o cuantitativamente, no es fácil de entender.
Existe un KI innato que está presente en el principio de la vida en el feto, mientras que el KI adquirido se dice que se acumula externamente tras el nacimiento. Este Ki adquirido se materializa en tres clases:
· TEN NO KI: KI de la respiración y existe como aire.
· CHI KI: KI de la tierra y existe como agua y alimento.
· KI DE LOS MERIDIANOS: Base de toda la actividad vital.
Se cree que el KI fluye primero a través del Meridiano del Riñón, y esta es la razón por la que, en las Artes Marciales orientales, el punto de energía más importante del cuerpo es el que se encuentra debajo del ombligo y que corresponde al meridiano mencionado; se cree que es el centro del KI. Cuando somos capaces de ubicar este “centro” y controlarlo, se siente cómo todo se ordena y se somete de repente a su alrededor de tal modo, que todas las tensiones quedan superadas y todo se convierte en aquello que emana del “centro”, en armonía con una unidad oscilante, que exhala el ser mundo.
El KI utiliza la mente y el cuerpo, integrando lo consciente y lo inconsciente. La influencia del KI en las funciones de la mente y del cuerpo dependen de la imagen del mundo exterior que tiene cada persona. Una característica intrínseca al Ser Humano es la creencia de que vivimos por nuestra propia volición; sin embargo nuestras vidas están mantenidas fundamentalmente por una relación íntima con el KI del mundo externo.
Esta imagen del mundo exterior crea cuatro grupos de personas:
a) Aquellas en que la influencia del KI es nula porque están tan apegadas a la imagen del mundo exterior que esa característica intrínseca al ser humano de creer que vive por su propia volición no la abandonan nunca.
b) Aquellas que se esfuerzan por conseguirlo, pero lo buscan donde no pueden encontrarlo. Sienten lo desacertado de su actitud, están convencidas de la rectitud de los otros y se esfuerzan por conseguirla. Pero están tan apegados a su actitud que en el fondo no saben qué es propiamente lo justo y lo injusto, aunque aparentan saberlo. Por eso no pueden transformar en una actitud justa lo que reconocen como injusto, ni pueden tampoco evitar una actitud injusta, aún reconociendo la verdadera. De vez en cuando adoptan una postura espiritual adecuada y llegan al silencio y concentración verdaderos. Entonces perciben con claridad por unos momentos la actitud adecuada. Pero esto pasa rápidamente y vuelven de nuevo los antagonismos entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. A estas personas, el camino de “corazón a corazón”, les esta todavía cerrado.
c) Aquellas que se esfuerzan por conseguirlo, pero están desorientadas al inicio. Hay entre ellas personas que conocen con exactitud la verdadera actitud y se esfuerzan por librarse de la falsa. Pero les resulta difícil conservar una actitud justa. Existen otros que son conscientes de la actitud adecuada y la ponen en práctica sin más. Ambos tipos de personas nunca permanecen estáticas y siempre avanzan incansablemente, lo que hará que tarde o temprano lleguen a la comprensión y canalización del KI. En todas ellas existe el “dar y recibir de corazón a corazón”.
d) Aquellas personas en las que cualquier pensamiento, actividad, actitud y todo el hacer y dejar hacer revela KI. Estos son los maestros.
El objetivo del entrenamiento oriental del cuerpo y de la mente es llegar a la experiencia personal de una conciencia indescriptible que se funde con el Universo, y a darse cuenta de que el ser existe como uno con la Naturaleza. Esto ocurre cuando la tensión entre el objeto, encerrado en sí mismo, y el yo, hasta el momento incapaz de dominarlo, se rompe. Cuando llega este momento, surge de la armonía una ejecución perfecta, como fruto de la madurez interna, meta final del ejercicio. Ya no se necesita la razón, porque la voluntad se ha callado, el corazón reposa, y el yo ha muerto. La persona ha cauterizado su yo con sus sentimientos, convirtiéndolos en un medio transparente. En las Artes Marciales, nuevamente el maestro Shigeru Egami no describe claramente el momento en el que se alcanza ese estado:
“Es mejor empezar practicando un Kata sencillo, como Taikioku, en grupo y con alguien que dé las órdenes. Se debe practicar sin parar diez, veinte, cincuenta veces. No podrá usar mucho la cabeza, pero tampoco debe esperarlo, Hay que practicar enérgicamente sin pensar en que el cuerpo esté rígido o no, practicar fuertemente. Eso es todo. ¿Qué ocurrirá? En el caso de gente joven que goce de gran fuerza y vigor y que practique Kata de esta forma, notarán cansancio después de veinte o treinta repeticiones, pues hay un límite. Si continúan la práctica, quedarán todavía más exhaustos, hasta el punto de no poder tenerse en pié, respirando con dificultad, y su visión se nublará. En consecuencia, desearán perder el conocimiento. Pero no deben detenerse , con lo cual se convertirán en autómatas y no podrán concentrar ninguna fuerza en sus movimientos. En otras palabras no sabrán lo que hacen.
A estas alturas, notarán que sus movimientos se han vuelto suaves y naturales. La mente queda inútil, pero el cuerpo habrá obtenido los movimientos. Si la práctica continúa podrán llegar al punto en el que la mente queda muy clara y en el que se entienden los movimientos del cuerpo. O pueden olvidar todo y caer al suelo. Pueden perderse a sí mismos repetidamente, hasta descubrir que se sienten fuertemente vigorizados. Será entonces cuando comprenderán que se han caído o desmayado de agotamiento. Pero aún así, si se oye la voz de mando, reaccionarán de alguna manera, aunque no necesariamente física. Al mismo tiempo, llegarán a comprender la relación entre ellos mismos y la persona que da las órdenes, la relación entre los practicantes y la relación entre cuerpo y mente. Los movimientos del cuerpo y la fluidez de la sensibilidad serán al principio algo confusos, luego se aplacarán y finalmente entrarán en un estado de tranquilidad y concentración y su respiración será regular a pesar del gran esfuerzo de los movimientos.”
Cuando recibimos el KI universal con sentimientos positivos, como la compasión, se genera una circulación de energía positiva y saludable. Por otra parte, cuando recibimos la energía universal con sentimientos negativos, no damos aprecio y compasión a los demás y utilizamos la energía para querernos a nosotros mismos, el KI se estanca, nacen los miedos y las ansiedades, y la mente y el cuerpo permanecen en un estado de tensión. El camino hacia la salud y el bienestar mental, físico y social se abre donde existe una dirección positiva y constructiva del KI universal hacia todas las personas y cosas. La esencia de nuestra vida es la búsqueda de la armonía con la Naturaleza y el significado de la misma es el descubrimiento de la armonía con todo el mundo y en todas las cosas. El maestro Shigeru Egami analiza este punto aplicándolo a las Artes Marciales:
“Compasión y consideración para con los demás son palabras comunes, usadas frecuentemente, aunque ponerlas en práctica es sumamente difícil. Antes de llevar a cabo ninguna acción es de gran importancia no solamente tener en cuenta la posición de la otra persona, sino comprenderla plenamente. En efecto, llegando a un perfecto entendimiento de la otra persona, podrás alcanzar la unidad con ella, y palabras como victoria y derrota dejarán de tener sentido. Este es el verdadero secreto de las Artes Marciales, coexistir con tu oponente. Y cuando esto esté consumado, el entendimiento de la esencia humana nos hará cooperar con los demás y alcanzar nuestro propio entendimiento. La práctica no será completa mientras no se alcance este estado mental. Empezando con la práctica del cuerpo y continuando con el entrenamiento del espíritu se aprecia que cuerpo y mente no son dos cosas, sino una. Esta es la verdadera práctica.”
Las Artes Marciales han adoptado el concepto básico de KI y
pretenden lograr la fuerza infinita a través de su integración. Una de las técnicas
básicas de las Artes Marciales chinas es bloquear el KI del adversario
impidiendo que éste fluya a través de los meridianos lo que ha dado lugar a técnicas muy interesantes como la
denominada “Toate” (golpear o apluntar desde lejos), para arrojar al
adversario al suelo utilizando la fuerza que proporciona el KI sin que exista
ningún contacto real o físico. El
dominio de esta técnica es muy complicado, pero han existido maestros que la
dominaron a la perfección, entre los cuales se encontraba el maestro Morihei
Ueshiba, fundador del Aikido y el maestro Shigeru Egami (Shotokai).
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